Teodora Hurtado Saa: La magia de resistir y florecer desde la academia
En una tierra donde el mar canta y resiste, nació Teodora Hurtado Saa, en el puerto bravío de Buenaventura. Allí, donde la lluvia no solo moja, sino que despierta memorias, comenzó el andar de una mujer que se ha hecho a sí misma, a fuerza de estudio, amor y rebeldía. La menor de nueve hermanos, hija de un trabajador portuario y de una madre que, con dignidad de acero, asumió sola el timón del hogar cuando el padre de Teodora partió. Esa infancia entre múltiples voces, entre risas, ausencias y los parlantes de la cotidianidad, fue el primer germen de su sensibilidad social.
La vida de Teodora no se comprende en piezas sueltas. Ella misma se define como un “todo”, una mujer que es hija, madre, tía, hermana, académica y ciudadana del mundo. El estudio fue su lanza y su escudo. Socióloga por formación, doctora por decisión y corazón, y hoy postdoctorante por convicción de que el saber no se detiene, ha cruzado fronteras físicas y simbólicas con un objetivo: comprender y transformar el mundo desde la mirada del pueblo negro y trabajador. México la acoge ahora como tierra fértil para su intelecto y su activismo, pero su raíz sigue húmeda desde el anden del Pacífico.
Cuando le llegó la hora a Teodora de decidir entre Brasil y México, eligió este último, quizá sin saber que no solo elegiría un país, sino una senda de vida que la obligaría a romper cadenas afectivas, sociales y estructurales. Se casó, se divorció y enfrentó la maternidad con la entereza de quien debe ser faro y ancla a la vez. La anécdota con su madre, cuando entre risas preguntó por qué tuvo tantos hijos y esta le respondió “si hubiera parado, tú no habrías nacido”, resume con ternura ese realismo que acompaña a las mujeres de lucha.
Sus referentes no son ídolos inalcanzables, sino pilares familiares: su padre, su madre y una tía sabia que sembró en ella el sentido común. En el plano teórico, su brújula apunta hacia Marx, Gramsci y Bourdieu, pensadores que le han dado herramientas para diseccionar la realidad: el capital, la producción, el poder, la dominación. Con ellos aprendió que no se puede entender el trabajo sin entender la historia, ni el presente sin desenterrar el pasado colonial y racista. A ella no le dicen “negra” sin que lo cuestione: sabe que los significados son una batalla, y que el lenguaje también oprime.
Teodora ha hecho de su activismo un acto académico y de su academia un ejercicio político. Ha vivido en carne propia la violencia de género y la indiferencia institucional, y recuerda con claridad cómo los pastores le pedían que soportara el maltrato “porque era su deber como esposa”. Pero ella no aceptó ese destino. Su fuerza la condujo a otra pregunta, más profunda y más urgente: ¿Para qué sirve el conocimiento si no sirve al pueblo? Por eso afirma con claridad: “La academia no es neutral, es racista, clasista, machista. Mi lucha es por transformarla”.
Admiradora de Angela Merkel, Michelle Obama y Barack Obama, ve en figuras como Achille Mbembe claves para pensar las necropolíticas que hoy marcan la vida de los pueblos racializados. Y aunque no se siente representada por los referentes políticos colombianos, mantiene viva la esperanza de nuevas formas de poder que no reproduzcan los viejos moldes de exclusión. Su mirada es crítica pero también profundamente esperanzada: cree que los movimientos sociales y la producción de conocimiento deben caminar juntos, sin subordinaciones.
Teodora Hurtado Saa es una estrella que se forja en el fuego del pensamiento crítico y la experiencia viva. Una mujer que abraza la complejidad, que no teme incomodar ni incomodarse. Desde México, sigue tejiendo sueños para las niñas afrocolombianas que hoy caminan por las calles de Buenaventura, sabiendo que algún día, también ellas, podrán cambiar el mundo con la palabra, el afecto y la firmeza del pensamiento. Porque, como ella lo encarna, la academia sí puede ser un territorio de lucha, amor y dignidad.
Por: Jefferson Montaño Palacio
0 Comentarios