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Gané, por la razón o por la fuerza


Gané, por la razón o por la fuerza

Gané, por la razón o por la fuerza

Las tesis políticas que llevaron a la presidencia de la República al candidato del Partido Republicano en Estados Unidos y outsider de la nueva ultraderecha colombiana, Abelardo De La Espriella (ADLE), exigen un riguroso análisis dialéctico sobre los intereses globales del gobierno de Donald Trump y la consolidación de las nuevas derechas en América Latina.

 

Por: Víctor Manuel García Ayala

Chile, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela y la Argentina de Javier Milei, forman parte de un entramado político que comparten un mismo libreto ideológico y una estrategia geopolítica orientada a reconfigurar el mapa político de la región. En esa ruta aparecen también Cuba, Colombia, Brasil y México.

Desde esta relación simbiótica y a la luz de un análisis macro político, la nueva derecha internacional ha impulsado un modelo que diversos analistas denominan ¡tecno fascismo!: una forma contemporánea de ejercicio del poder en la que describe cómo convergen el autoritarismo, inteligencia artificial, vigilancia masiva y concentración corporativa. Bajo este esquema, gobiernos y grandes conglomerados tecnológicos utilizan el procesamiento de datos y los sistemas algorítmicos para ampliar mecanismos de control social, debilitar las instituciones democráticas y restringir derechos económicos, sociales, culturales y políticos, afectando especialmente a los pueblos campesinos, afrodescendientes e indígenas, así como a las nuevas generaciones. erosionar los derechos y las libertades económicas, sociales, culturales y políticas de los pueblos campesinos, étnicos afros, indígenas e intervenir el futuro de las jóvenes generaciones.

Esta nueva especie “élite” de megáricos, presentada como una suerte de clase dirigente “poshumana”, pretende desarticular el Estado, debilitar las instituciones, profundizar la pobreza y facilitar la apropiación de los recursos estratégicos. En ese contexto, Colombia se convertiría en un laboratorio político para ensayar dicho modelo, según la investigación publicada por: The New York Time bajo el título “Colombia, un salto al vacío”, el 23 de junio de 2026.                                                                          

¿Cómo un lema militar convirtió a Colombia en un batallón sin comandante? El uso del eslogan mediático fue uno de los principales instrumentos de la campaña presidencial. En el lenguaje militar, la orden “Firmes” no representa un acto de libertad, sino una instrucción de inmovilidad. Es el mandato que obliga al soldado a permanecer quieto, sin avanzar, sin maniobrar y sin cuestionar, mientras espera la siguiente orden. campaña electoral.

Abelardo De la Espriella convirtió esa expresión en una poderosa herramienta simbólica. No fue una metáfora ni un recurso poético, sino una representación precisa de su concepción del poder. Firmes por la Patria” no convocaba a la acción ciudadana, sino que transmitía una lógica de obediencia y subordinación. Como lo plantea Jesús Elías Varón Rincón en su artículo Los Firmes de la Ola, el mensaje podría interpretarse como una orden dirigida al electorado: permanecer inmóvil, no cuestionar y aceptar el lugar asignado por quien ejerce el mando.

Con todas sus letras, el recién elegido presidente, identificado por algunos analistas como cercano a las ideas del ingeniero de software Cutis Yarvin, uno de los referentes intelectuales de la denominada nueva derecha estadounidense, ejecutó con eficacia su estrategia comunicacional. La coincidencia ideológica radica en la defensa de modelos de democracia restringida y de gobiernos con fuerte concentración del poder, así como en la reivindicación del lema supremacista “Estados Unidos primero”.

Durante la campaña, recurrió intensamente a herramientas de inteligencia artificial para construir narrativas dirigidas a desacreditar a sus adversarios. Señalo a Iván Cepeda de mantener vínculos con las FARC, lo acusó de narcotráfico y de imponer el denominado “voto fusil” a sus electores. También amenazó con promover la extradición del presidente Gustavo Petro a Estados Unidos y utilizó un discurso orientado a sembrar temor frente a las movilizaciones sociales. Expresiones como “conmigo la cosa es en serio” o “ahora sí van a ver cómo muerde de duro El Tigre” hicieron parte de una narrativa de autoridad basada en el miedo y la confrontación.

Bajo el lema “La Patria Milagro”, presentado como el programa para “refundar la Nación”, recuperar la seguridad, impulsar el crecimiento económico, fortalecer las instituciones y combatir la corrupción, el nuevo gobierno anuncia que gobernará con “los de nunca”, aunque acompañado, paradójicamente, por varios representantes de “los de siempre”.

Entre las figuras que rodean el nuevo proyecto político aparece Alonso Lucio, exintegrante del M-19 y hoy pastor evangélico, quien ha sido presentado como uno de los principales articuladores del nuevo gobierno. Desde una puesta en escena inspirada en la alegoría del "Arca de Noé", se ha anunciado una ceremonia simbólica en una base militar del departamento del Cauca para el próximo 7 de agosto, donde, según sus promotores, se realizaría un "empalme anticorrupción", se encomendarán la Nación a Dios y a las Fuerzas Militares y se presentaría un gabinete conformado por dirigentes provenientes de distintos sectores políticos y religiosos.

Con un discurso altisonante y marcadamente populista, ADLE ofrece respuestas simples a problemas extraordinariamente complejos. Sin diagnósticos estructurales ni políticas públicas claramente sustentadas, anunció que gobernará mediante un paquete inicial de noventa decretos; eliminará nueve ministerios; suprimirá cerca de 700.000 empleos públicos; reducirá impuestos a los empresarios; implementará el trabajo por horas; congelará durante dos años el incremento salarial para reajustar las finanzas públicas; desmontará la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP); creará una Unidad de Seguridad Nacional para asumir asuntos relacionados con derechos humanos y víctimas; pondrá fin al actual proceso de paz; retirará a Colombia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos e impondrá una política de autoridad en todo el territorio nacional.

Finalmente, como parte de su estrecha alineación con Washington, ha manifestado que mantendrá una coordinación permanente con el Departamento de Estado y el Departamento de Justicia de Estados Unidos para enfrentar lo que denomina "amenazas del terrorismo de izquierda", reafirmando una visión profundamente alineada con los intereses de la política exterior estadounidense.

Al final, cobra vigencia el viejo refrán popular: "Dime con quién andas y te diré quién eres, Abelardito."


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