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Fernando Maclanil: “Descolonizarnos desde la afrodescendencia”


Fernando Maclanil: “Descolonizarnos desde la afrodescendencia”


Fernando Maclanil: “Descolonizarnos desde la afrodescendencia”


Hay libros que cuentan una historia y hay otros que intentan modificar la manera como una sociedad se cuenta a sí misma. De esta manera, pasaré a dejar mi sentir y mirada sobre “Una propuesta decolonial para descolonizarnos de los afrodescendientes", del escritor, intelectual y poeta colombiano Fernando Maclanil, en pertenecer a esa segunda categoría. 



Por: Jefferson Montaño Palacio


Su apuesta no parece algo más incómodo y, precisamente por ello, más fecundo: preguntarnos en cuánto ha nuestra manera de nombrarnos, pensarnos y relacionarnos continúa atrapada en las categorías construidas por la colonialidad.  


La expresión “descolonizarnos de la afrodescendencia” constituye, de entrada, una provocación intelectual. Esto no significa negar nuestra historia africanista ni mucho menos renunciar a la memoria o desprendernos de nuestra raíz. Todo lo contrario; significa liberar la afroascendencia de las definiciones que históricamente le fueron impuestas desde afuera. Maclanil parece invitarnos a pasar de una afrodescendencia entendida como etiqueta social a una afroascendencia asumida como conciencia histórica, pensamiento político, espiritualidad, estética, conocimiento y posibilidad de futuro. 


Uno de los mayores méritos de la obra está precisamente en su capacidad para establecer diálogos aparentemente distantes. El autor aborda la comparación entre el barco negrero y el experimento Universo 25, realizado por el etólogo estadounidense John B. Calhoun. La operación resulta provocadora: conectar la experiencia histórica de la esclavización con un experimento sobre el comportamiento social, aislamiento, hacinamiento y descomposición de determinantes dinámicas comunitarias. Más que establecer una equivalencia técnica entre ambos fenómenos, el valor de la propuesta está en abrir una pregunta: ¿Qué consecuencias profundas dejan sobre los seres humanos los sistemas que los despojan de territorio, vínculos, autonomía, memoria y capacidad de proyectar su existencia? 


Este ejercicio revela a un Maclanil que no escribe únicamente desde la literatura, sino desde una intersección entre pensamiento crítico, historia, antropología, política y poesía. Su escritura tiene la virtud de convertir conceptos complejos en preguntas sobre la existencia colectiva. Allí reside buena parte de su carácter innovador: no se limita a denunciar la colonialidad; intenta construir un lenguaje para comprender cómo ésta continúa reproduciéndose en nuestras subjetividades, corporaciones, territorios, y relaciones sociales. 


Por otra parte, este significado resulta en el lugar que la obra concede a los símbolos adinkra, provenientes del pueblo Akan de Ghana. Presentarlos como sistema de comunicación visual e ideográfico permite desplazar una vieja mirada eurocéntrica según la cual África habría sido un continente sin sistemas propios de producción y transmisión del conocimiento.   

 

Los Adinkra aparecen así no como simples ornamentos culturales, sino como arquitecturas simbólicas del pensamiento africano. Sankofa, por ejemplo, nos recuerda que mirar hacia atrás puede ser indispensable para avanzar hacia adelante. En esa perspectiva, la memoria deja de ser nostalgia y se convierte en tecnología cultural para construir futuro. 


Y aquí aparece una de las contribuciones más poderosas de Maclanil: la descolonización no puede consistir únicamente en cambiar los nombres de las cosas; debe transformar la forma en que producimos conocimiento sobre nosotros mismos. Si nuestros símbolos, nuestras músicas, nuestras realidades, nuestras espiritualidades, nuestros territorios y nuestras memorias continúan siendo interpretados exclusivamente desde marcos ajenos, la emancipación será incompleta. El desafío consiste en recuperar la capacidad de nombrar el mundo desde nuestras propias epistemologías.


Por eso, esta obra puede leerse también como una invitación a superar el victimismo histórico sin caer en el olvido histórico. Reconocer la violencia de la esclavización, del racismo y de la colonialidad es indispensable; pero una comunidad no puede construir su futuro únicamente desde las heridas que les fueron infligidas. Se requiere recuperar también todo aquello que sobrevivió a las heridas: la creatividad, la espiritualidad, la organización y el trabajo comunitario, la oralidad, la música, la estética, la capacidad de resistencia y la imaginación política. Fernando, parece decirnos que descolonizar es pasar de ser objeto de la historia a convertirnos nuevamente en sujetos de nuestra propia historia. 


En tiempos en que la palabra decolonial corre el riesgo de convertirse en una moda académica, el trabajo de Fernando Maclanil tiene la virtud de llevar hacia un terreno más profundo: el de la transformación de la conciencia. Su propuesta no debería quedarse en los archivos olvidados en las universidades ni mucho menos limitarse a los círculos intelectuales de afroascendientes. Puede convertirse en una provocación para las escuelas, las universidades, los movimientos sociales, las organizaciones étnicas, los artistas y, en especial, para las nuevas generaciones que buscan respuestas frente a una identidad que muchas voces han definido por otros. 


La respuesta, entonces, no es desafricanizarnos para dejar de ser afroascendientes, sino todo lo contrario: descolonizarnos para comprender que ser afroascendientes no constituye una condena histórica, sino una posibilidad civilizatoria. Y esa diferencia es fundamental. Fernando Maclanil nos coloca frente a un espejo incómodo: quizá el verdadero desafió del siglo XXI no sea solamente combatir el racismo que viene de afuera, sino todo lo contrario, es lograr identificar las formas en que la colonialidad consiguió instalarse dentro de nuestras propias maneras de pensar, valorar, educar y relacionarse. 


Finalmente, este documento “Una propuesta decolonial para descolonizarnos de la afrodescendencia” no es solamente el título de un libro; es una pregunta abierta a toda una generación: ¿Qué ocurriría si dejáramos de pensarnos desde las categorías que históricamente nos nombraron y comenzamos a pensarnos desde las memorias, símbolos y conocimientos que sobrevivieron a la colonización? Quizás allí esté la verdadera originalidad de Fernando Maclanil; es decir, no pretende recuperar el pasado africano, sino convertirlo en materia prima para aterrizar  un futuro de afroascendientes distinto. 


Porque al final, descolonizarse no es regresar al pasado; es recuperar el derecho de decidir hacia dónde caminar. Y en esa travesía, la obra de Maclanil abre una puerta poderosa que vale la pena atravesar.


 

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