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El muro de Cristal


El muro de Cristal

El muro de Cristal 

La configuración del nuevo Congreso de Colombia para el periodo 2026-2030 no es solo un mapa de curules; es un recordatorio contundente de la terquedad de nuestra democracia frente a los personalismos mesiánicos. Tras las elecciones del 8 de marzo, el panorama legislativo emerge como un mosaico fragmentado donde ninguna fuerza política, por más ruidosa que sea, ostenta el control absoluto.


Por: Jefferson Montaño Palacio

En este escenario, la figura de Abelardo de la Espriella —quien ha construido su plataforma sobre una retórica de "mano dura" y recortes drásticos al Estado— se enfrenta a una realidad que no puede ser silenciada con discursos incendiarios: el rigor procedimental del legislativo colombiano.

Como bien lo señala el abogado y senador electo Charles Figueroa Lopera en su reciente análisis la creencia de que un líder fuerte puede "hacer lo que quiera" con el Congreso se estrella de frente contra la Ley 5.ª de 1992. Esta ley, que rige el funcionamiento interno de las cámaras, no es un simple manual de convivencia; es el andamiaje que garantiza que el poder sea compartido y, sobre todo, limitado.

La dificultad para De la Espriella radica en una aritmética parlamentaria que no perdona la cual me permitiré demostrar mediante una tabla. Con una bancada propia de apenas 4 curules en el Senado, su capacidad de maniobra directa es marginal en un cuerpo de 103 escaños. Aunque sectores de la derecha tradicional puedan converger en ciertos puntos, la fragmentación actual obliga a una negociación constante que choca con el estilo vertical y confrontativo del abogado. De la Espriella no la tendrá fácil por qué el sistema colombiano de mayorías es efímero.

Bloque Político

Curules Senado (Est.)

Postura frente al Ejecutivo

Pacto Histórico

25

Gobierno / Progresismo

Centro Democrático

17

Oposición / Derecha Tradicional

Partidos Tradicionales (Liberal, Conservador, U)

31

Bisagra / Independencia

Sector De la Espriella

4

Derecha Radical


El Quórum Deliberativo: para que cualquier discusión comience, se requiere la presencia de al menos la cuarta parte de los miembros. En un Congreso fragmentado, el ausentismo o la ruptura de quórum son herramientas políticas legítimas que pueden paralizar cualquier iniciativa radical antes de que siquiera sea debatida. 

El Quórum Decisorio: No basta con estar; hay que ganar la mayoría de las decisiones requieren la asistencia de la mayoría de los integrantes de la respectiva cámara. Con solo 4 votos propios, Abelardo depende enteramente de coaliciones que, en un Congreso lleno de intereses regionales y partidistas diversos, son volátiles y costosos.

La Ley 5.ª como Escudo: esta norma establece tipos de mayorías (simple, absoluta, calificada) que actúan como filtros. Reformas de gran calado, como las que propone De la Espriella para reducir el Estado en un 40%, requerirían mayorías absolutas que hoy parecen inalcanzables para su sector. 

Finalmente, la lección que nos deja esta nueva composición del Congreso es que Colombia, a pesar de sus crisis, conserva un sistema de pesos y contrapesos que no se dobla fácilmente ante el populismo de derecha o de izquierda. Abelardo de la Espriella podrá tener el micrófono y la atención de las redes sociales, pero en el recinto del Capitolio, es un peón más en un tablero donde la Ley 5.ª es la reina.

La "motosierra" legislativa que promete el abogado se encontrará con un muro de cristal: transparente en sus reglas, pero irrompible en su aplicación. Al final, el nuevo Congreso nos recuerda que, en democracia, la fuerza de los argumentos y la capacidad de concertación siempre serán más efectivas que el volumen de los gritos. Abelardo no la tendrá fácil, no porque sus ideas sean impopulares en ciertos sectores, sino porque la Constitución y la ley siguen siendo el límite infranqueable de cualquier ambición personalista.

 


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