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La derrota de la vida


La derrota de la vida

La derrota de la vida

La sociedad colombiana rural y urbana se ha visto atormentada en los últimos 70 años de historia republicana democrática por un huracán de violencias que han marcado la psiquis colectiva y las formas de relacionarse de las familias que han logrado sobrevivir a los diversos actores que han originado esas violencias y propagado el odio entre víctimas, victimarios, sobrevivientes y espectadores de las violencias y hechos de crueldad.

 

Por: Marlon Bedoya Cifuentes

En este proceso de violencias se han olvidado los orígenes del odio y la confrontación entre hermanos colombianos, nacidos de mujeres campesinas, mujeres de las incipientes urbes, negras, blancas, mestizas. Cada tanto han surgido nuevos actores o figuras de gran relevancia que han marcado el destino de la nación, llevándola a un laberinto de enfrentamientos y creación de las nociones de amigos y enemigos que han propiciado la desconfianza y el odio entre desconocidos que piensan de una forma diferente sobre cómo se debe construir un Estado-nación ensangrentado y deformado por el pasar de los años, pero que sigue siendo una de las democracias más fuertes de Latinoamérica.

Para algunos expertos de las ciencias sociales y políticas, Colombia es un faro en cuanto a las transiciones democráticas, el único país de América Latina donde se ha logrado mantener la democracia a lo largo de los años, sin episodios de dictaduras que pongan en peligro la democracia y la representación de la sociedad civil por parte de unos liderazgos; sin embargo, se ha visto envuelta en medio de terribles hechos de violencia en esa lucha por el poder político y económico.  En ese sentido, la democracia colombiana se ha visto destruida la vida de un sinnúmero de políticos y sus partidarios en diferentes momentos de la historia reciente del país; para algunos, la década de los años 90 fue el punto de inflexión; era necesario reestructurar y brindar más garantías a los ciudadanos y propender por alcanzar la paz en un país que desconoce la vida en sociedad de manera pacífica.

En la última contienda electoral del poder ejecutivo, triunfó una visión del poder político basada en la fuerza y en la imposición del poder coactivo frente a los actores en armas que aún existen en Colombia en el siglo XXI, frente a una visión de un gobierno de búsqueda de construcción de paz mediante mecanismos de procesos de dialogo y dejación de armas de manera gradual con esos actores armados, siguiendo una línea de trabajo preestablecida por el gobierno anterior.

En el último mes se ha logrado percibir que las actuaciones del gobierno central esta apostando todo a una política de guerra total y la eliminación de los grupos alzados en armas, sin embargo esta vieja formula de apostarle a la guerra en Colombia no ha logrado poner fin al sin numero de actores armados y sus militantes que han transitado por las diversas montañas de Colombia a lo largo del tiempo, las actuaciones y puestas en escenas permiten ver un actor que desea por todos los medios demostrar la fuerza de un Estado o Leviatán que puede ejercer de manera legitima la violencia, pero queda un sin sabor en múltiples actores de la sociedad la paz de Colombia se podrá alcanzar únicamente mediante el sonido ensordecedor de los fusiles y las bombas contra los campamentos de los alzados en armas, si esta política de guerra total sigue su curso y se intensifica con el pasar del tiempo, cuantas victimas civiles incrementaran los registros de víctimas que existen en el país y que pensamos en algún momento culminarían tras el acuerdo de paz del año 2016.

La sociedad colombiana en su conjunta aprobara una paz que se supone se alcanzaría mediante un uso excesivo de la fuerza legitima de las armas del Estado y formas de deshumanización del otro que es diferente y que a pesar de estar cometiendo un delito debe buscar ser capturado en primera instancia y posteriormente llevado al sistema judicial y no asesinado en combate buscando respetar las reglas que rigen los conflictos de carácter no internacional que busca limitar los métodos de guerra y proteger a la población civil que es la principal afectada cuando se desconocen los principios básicos de humanidad en el enemigo.

Desde mi visión en Colombia estamos en un momento que requiere la intervención de la sociedad civil para impulsar procesos de paz, retomar el dialogo, llevar al Estado colombiano a ser un garante de los derechos humanos y de los combatientes, más de 70 años de conflictos y violencias nos han demostrado que las violencias suelen reciclarse y mutar con nuevos actores, escenarios que nos han llevado a naturalizar la perdida de las vidas de millones de colombianos en un conflicto irracional que impide el desarrollo social.

La guerra y el conflicto, han deshumanizado a una parte de la sociedad colombiana y generado graves problemas de carácter psicológico, es momento de que la vida nunca se ha derrotada por el accionar del Estado y por el accionar de los grupos armados. Somos la única nación de Latinoamérica que no ha logrado resolver y transitar un camino hacia una paz social estable y duradera.

En un caso hipotético si al final se eliminan a todos los actores armados mediante el uso de la violencia, no podremos gozar de una sociedad realmente pacifica, estaremos presenciando el inicio de una sociedad en duelo permanente, que habla de paz, pero tiene en las manos de sus soldados sangre de población colombiana que pensaron y actuaron de formas distintas. La construcción de paz no se logra mediante el uso de la violencia y si se logra alcanzar dicha paz esta será frágil y enferma.



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