La curul que el CNE sustrajo
Hay robos que no necesitan pasamontañas. Basta una sala de deliberaciones en el CNE, unas resoluciones y la solemnidad de quienes convierten una decisión administrativa en un terremoto político. Esa mañana, mientras gran parte del pueblo afroascendientes esperaba celebrar una representación conquistada tras décadas de exclusión, la sensación que quedó en muchos territorios fue otra: una de las dos curules de la Circunscripción Especial Afro dejó de pertenecer al movimiento LIBRES para terminar en manos del Partido Demócrata.
Por: Jefferson Montaño Palacio
Una fuerza que emergió de las entrañas de los territorios con su corazón en el Pacífico, con más de 159,000 votos, veía cómo la aritmética de la democracia era triturada por la ingeniería del clientelismo y la corrupción. No fue únicamente una disputa por un escaño. Fue la sospecha de que la voluntad expresada en las urnas podría terminar reinterpretada desde un escritorio con billetes.
La historia política colombiana ha dejado rastros; lo afirmó el maestro Orlando Fals Borda, que la democracia pierde legitimidad cuando las corporaciones dejan de escuchar a los pueblos que dicen representar. El pueblo afrocolombiano no conquistó sus espacios de representación para que estos fueran tratados como meras operaciones aritméticas. Cada curul especial es el resultado de luchas contra el racismo estructural, la exclusión territorial y la invisibilidad histórica. Por eso, cuando una decisión institucional altera el sentido de esa representación, la indignación no nace únicamente de los candidatos afectados, sino de una memoria colectiva que recuerda cuántas veces la voz del pueblo afro ha sido desplazada del escenario nacional.
Esta curul, la cual fue arrebatada de las manos de Angela Viviana Guanga Marquinez para ser entregada, como un trofeo de guerra, a Winner Sandoval, cuya sombra se proyecta directamente hacia el clan de Eduardo Pulgar, el exsenador que ha hecho del soborno y la influencia su marca registrada merodeando los pasillos del CNE. Con gafas oscuras, como si el sol de la justicia le molestara, su presencia fue recordatorio silencioso que en Colombia los votos a veces valen menos que los “padrinos”. Mientras LIBRES celebra una victoria legítima, la “Doctrina Pulgar” se cocina a fuego lento: una interpretación legal tan retorcida que permitió que un candidato con 72,000 votos —que ni siquiera alcanzó el umbral— se sentará en el escaño que el pueblo le negó en las urnas.
Lo más inquietante vino después. La controversia dejó de concentrarse exclusivamente en la decisión del Consejo Nacional Electoral y comenzó a trasladarse hacia el representante Óscar David Benavides Ángulo. Las conversaciones, las redes sociales y algunos sectores del activismo empezaron a cuestionar la conformación de su Unidad de Trabajo Legislativo (UTL). El líder tumaqueño que sí logró asegurar su espacio, se convirtió en el blanco de los puristas de la estética racial. Se le cuestionó el nombramiento de la periodista Laura Vargas. “¡No es afro!”, gritaron algunos desde las redes sociales, prefiriendo el color de la piel sobre la lealtad del compromiso. Pero aquí es donde la realidad toma un giro ético. Los comentarios que han inundado los círculos cercanos al “hermano y compañero” Óscar David hablan de una UTL constituida “sin colorismos”.
¿Qué significa esto en un país obsesionado con las etiquetas? Significa que Óscar David, en su sabiduría de líder social y abogado, ha entendido que la lucha por la justicia racial no se gana con una foto uniforme, sino con un equipo de confianza, de “compañeros” de batalla que, independientemente de su tono de piel, compartan la misma indignación frente al despojo.
“La curul es para servir a nuestro pueblo, no para decorar un álbum de fotos”, parece ser la consigna silenciosa de quien prefiere rodearse de capacidad y lealtad antes que ceder a las presiones de una representación de fachada.
De repente, el debate dejó de ser sobre la curul para convertirse en un juicio sobre las personas que lo acompañan. Como suele ocurrir en Colombia, la víctima de una controversia institucional terminó respondiendo por asuntos distintos al origen del conflicto.
Sin embargo, esa discusión también merece una reflexión incómoda. Si la representación afro pretende diferenciarse de las viejas prácticas clientelistas, su legitimidad una UTL, sino en el compromiso político, ético y profesional con las causas del pueblo afrocolombiano-afroascendientes. El maestro Manuel Zapata Olivella insistía en que la identidad afroascendientes es una construcción histórica, cultural y política, mucho más profunda que un rasgo fenotípico. Reducir la representación a un conteo de tonalidades sería repetir el mismo esencialismo racial que durante siglos justificó la exclusión ante nuestro pueblo.
William Ospina ha escrito que Colombia parece condenada a discutir siempre las consecuencias y nunca las causas. Algo semejante ocurre aquí. Mientras unos concentran sus energías en cuestionar una UTL, el país corre el riesgo de olvidar la pregunta esencial: ¿Qué tan sólidas son las garantías institucionales para proteger la representación política de los pueblos afroascendientes? Si las reglas generan dudas persistentes, el problema supera a un movimiento, a un partido y/o un congresista. Se convierte en un desafío para la credibilidad del sistema electoral y para la confianza ciudadana en las corporaciones.
Por último, mientras el Partido Demócrata celebra su botín obtenido en los escritorios del CNE, Óscar David y el movimiento LIBRES se preparan para la batalla legal en el Consejo de Estado. La crónica de este robo electoral no ha terminado. Lo que queda claro es que, frente al cinismo de los clanes y la complicidad de algunos magistrados del CNE, la respuesta de Benavides ha sido la coherencia: defender lo que es suyo en los tribunales y construir un equipo sólido en el Congreso, fuera de los prejuicios y el colorismo que tanto daño le hacen a la verdadera unidad del pueblo afroascendientes.
Al final del día, la dignidad no tiene color, pero la corrupción sí tiene nombres y apellidos que Colombia no debe olvidar.

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