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Cali, capital del Pacífico: más allá de la geografía

Cali, capital del Pacífico: más allá de la geografía


Cali, capital del Pacífico: más allá de la geografía 


Por décadas, se ha afirmado que Cali es la capital del Pacífico colombiano ¿Ha sido siempre un lugar común? Sin embargo, más que una consigna repetida, esta idea exige una revisión rigurosa: ¿es Cali realmente la capital del Pacífico, o es una construcción política, económica y simbólica que ha invisibilizado a los territorios costeros y, como dice el maestro políglota y prodigio Amílkar Antonio Ayala Cañola, encarnan en el andén del Pacífico profundo? 



Por: Jefferson Montaño Palacio 


Hablar de Cali como la capital del Pacífico colombiano no es un simple dicho retórico ni mucho menos una consigna regionalista: es el reconocimiento mediante un proceso histórico, cultural, económico y político que ha configurado a esta ciudad como el principal nodo articulador del litoral pacífico. Aunque geográficamente no se encuentra sobre la costa, su centralidad se explica desde lo que el sociologo Manuel Castells denomina la “sociedad red”: Cali funciona como el nodo estratégico que conecta territorios, economías y culturas del Pacífico con el resto del país y el mundo. 


Desde una perspectiva histórica, Cali  ha sido la puerta de entrada y salida del Pacífico colombiano gracias a su relación estructural con el puerto de Buenaventura, el más importante de Colombia sobre el océano Pacífico. Esta relación no es meramente logística: es profundamente política y social. Como afirma el maestro y Antropólogo Arturo Escobar, el Pacífico es un territorio de vida, biodiversidad y resistencia cultural afroacendiente. Cali, en ese sentido, se convierte en el espacio urbano donde esas dinámicas se traducen en disputas por reconocimiento, inclusión y desarrollo.


En términos culturales, como hemos coincidido con el profesor, académico y amigo William Mina Aragón, Cali es el epicentro de la diásporidad afro del Pacífico. La ciudad ha sido moldeada por migraciones provenientes de Tumaco, Guapi, Timbiqui, López de Micay, el triángulo del Sanquianga y la misma Buenaventura, entre otros, consolidando una identidad profundamente afro-pacífica. La música, la gastronomía, la estética y las prácticas comunitarias hacen de Cali un territorio de reexistencia cultural, en los términos de Ochy Curiel, donde lo afro no solo resiste, sino que produce conocimiento y sentido. La salsa caleña, el currulao y las expresiones urbanas contemporáneas son prueba de esta hibridez cultural.  


Económicamente, Cali articula el sistema productivo del suroccidente colombiano. Su infraestructura vial, industrial y de servicios la posiciona como el centro neurálgico que dinamiza la economía del Pacífico. Desde la teoría de polos de desarrollo del catedrático François Perroux, Cali actúa como un polo que irradia crecimiento hacia regiones periféricas, aunque sin intenciones. La desigualdad territorial entre la ciudad y los municipios costeros evidencia la necesidad de repensar un modelo más equitativo de integración regional. 


Políticamente, Cali ha sido escenario de movilizaciones sociales que expresan las demandas históricas del Pacífico: acceso a derechos, justicia racial y participación efectiva. La hipérbola social mal llamada “estallido social” de 2021 –en el que la ciudad fue protagonista– colocó en evidencia lo que Boaventura de Sousa Santos denomina “las epistemologías del Sur”: formas de conocimiento y resistencia que emergen desde los territorios históricamente marginados. Cali no solo canaliza estas demandas, sino que las amplifica en el escenario nacional.


Por lo tanto, afirmar que Cali es la capital del Pacífico implica también asumir una responsabilidad ética y política. No basta con ser centro de poder simbólico y económico; se requiere construir una relación justa con los territorios del litoral. Esto implica fortalecer la inversión en Buenaventura, Tumaco, Quibdó y Guapi, promover la autonomía territorial y reconocer el liderazgo de los pueblos afroacendiente en la toma de decisiones. Como plantea el premio nobel Amartya Sen, el desarrollo debe entenderse como expansión de capacidades, no solo como crecimiento económico. 


En ese sentido, Cali debe consolidar una agenda estratégica del Pacífico que incluya: integración logística con enfoque territorial, fortalecimiento de industrias culturales afro, educación intercultural y una gobernanza regional participativa. Asimismo, es clave impulsar un modelo de ciudad-región que reconozca la interdependencia con el litoral y supere las lógicas extractivistas. 


Finalmente, Cali es la capital del Pacífico colombiano, no por decreto, gustele a usted o no. Sino por su capacidad de articular, representar y proyectar un territorio diverso, vivo y en disputa. La tarea pendiente es que esa capitalidad no reproduzca desigualdades, sino que se convierta en motor de justicia histórica y dignidad para los pueblos del Pacífico. 


Como dice el doctor Gustavo Adolfo (Nino) Santana Perlaza, si alguien está inconformé o tiene otra posición distinta a la mía, bien pueda me interpele. 


 

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