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¿Qué diabluras estamos respirando?


¿Qué diabluras estamos respirando?

¿Qué diabluras estamos respirando?

A dos elementos vitales, entre otros tantos, debemos prestar especial atención: al agua y al aire. Cuando se habla de afectación a la calidad del aire, se alude al material particulado que circula como contaminantes, partículas en suspensión que provocan afecciones a la salud.


Por: Armando Palau Aldana

Se conocen como PM10 o PM2.5 por su tamaño en micras de diámetro aerodinámico, tan pequeñas que solo pueden ser vistas con telescopio electrónico. Una compleja mezcla de sólidos microscópicos y góticas que circulan o están suspendidas en el aire cargadas de nitratos, sulfatos, esporas, productos químicos, polvo, alérgenos y otras diabluras.

De la misma manera, se debe realizar un monitoreo de elementos que se dispersan por el aire, llamados "contaminantes criterio" de interés sanitario y vigilancia obligatoria por parte de las autoridades, como el dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, ozono y monóxido de carbono, que lesionan el aire limpio como requisito básico de la salud y el bienestar humano, teniendo en cuenta que la contaminación atmosférica es uno de los mayores riesgos para la salud ambiental de nuestro tiempo. Las lesiones que pueden causar estos contaminantes son: infecciones respiratorias agudas, enfermedad pulmonar crónica, cáncer de pulmón, cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular, siendo la población infantil la más expuesta. 

La Ley 99 de 1993, que organizó el Sistema Nacional Ambiental, determinó que al Distrito de Cali, como Gran Centro Urbano (autoridad ambiental), le corresponde ejercer las funciones de evaluación, control y seguimiento ambiental de los usos del aire, lo cual comprende la emisión de sustancias o residuos líquidos, sólidos y gaseosos al aire. Este precepto fue reglamentado en 1998, estableciéndose parámetros para la protección y control de la calidad del aire, reiterando que le corresponde a estos Grandes Centros Urbanos, realizar la observación y seguimiento constantes, medición, evaluación y control de los fenómenos de contaminación del aire y definir los programas zonales de prevención y control así como declarar los niveles de alerta y emergencia en el área donde ocurran eventos de concentración de contaminantes que así lo ameriten, conforme a las normas establecidas para cada nivel por el Ministerio del Medio Ambiente, y tomar todas las medidas necesarias para la mitigación de sus efectos y para la restauración de las condiciones propias del nivel normal.

Teniendo en cuenta que la Organización Mundial de la Salud recogió el consenso internacional, respecto de que la contaminación del aire sigue representando una amenaza grave para la salud en todo el mundo, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, expidió en el 2017 la norma de calidad del aire, estableciendo los niveles máximos permisibles a condiciones de referencia, para lo cual las autoridades ambientales deben incorporar equipos automáticos que permitan el monitoreo en tiempo real de los contaminantes de interés en aquellas zonas identificadas como puntos críticos o de alta concentración, cuya modernización debía estar lista para el 2022. Pero la alcaldía de Cali, en tiempos del médico Jorge Iván Ospina, no logró en el 2020 la acreditación plena del Sistema de Vigilancia del Aire ante el Instituto de Estudios Ambientales, que se había establecido en el 2013, con nueve estaciones de monitoreo instaladas dentro del perímetro urbano. No se encuentran en los portales de la alcaldía ni del DAGMA boletines diarios a partir del 2024 aludiendo a problemas técnicos, en contravención de una efectiva comunicación de la información del estado de la calidad del aire a la ciudadanía.

Tenemos en la actualidad un latente riesgo adicional, con ocasión del derrumbe de las edificaciones por el funesto terremoto del pasado 10 de agosto, además de las demoliciones de los que quedaron derruidos y los que están a punto, generándose en Cali una improvisada escombrera en inmediaciones de la ciudadela deportiva, que dispersa con el depósito de escombros polvillos PM2.5 que están afectando a la población circunvecina y a toda aquella hasta donde la rosa de los vientos lleven estas partículas que viajan libremente por el entorno caleño (al que también estuvieron expuestos las y los valientes rescatistas ciudadanos), cuyos efectos de morbilidad no se determinan siempre rápidamente y son acumulativos. Se requiere una acción inmediata, pero el alcalde en cero pollitos.

Este panorama es de mayor incidencia en el Valle del Cauca, que ocupa la mayor extensión del valle geográfico del río Cauca (sur de Risaralda y norte del Cauca), en donde se permite por un decreto reglamentario y por vía de excepción la quema de cultivos, que favorece principalmente a la contaminante agroindustria de la caña de azúcar, aunque el Director de la CVC como autoridad ambiental de la región, este afirmando hace unos pocos meses, que hoy en día "solo se quema el 31.62% de los cañaduzales" en un lenguaje confuso y ambivalente, como si fuera gran cosa, cuando lo que implica es una grave contaminación atmosférica que abarca más de 60 mil hectáreas de las 185 mil que se siembran y cosechan en nuestro departamento. Lo visible es la pavesa que deja los rastros de las quemas en los tejados y patios, pero lo invisible es el material micro particulado en que se convierte y que enrarece nuestro aire. 

Estas contaminantes prácticas agrícolas del cartel de los pirómanos de la caña de azúcar, contribuyen a afectar el cambio climático, alterando el ciclo de lluvias de nuestra región. No obstante el Ministerio de Ambiente, en tiempos de Susana Muhamad, emitió la Resolución 358 de 2024, bajo el sofisma de  las acciones para mitigar los efectos del fenómeno climático El Nino y el manejo de sus efectos adversos en animales silvestres, gestión del riesgo y contaminación del aire, suspendió temporalmente en todo el territorio nacional, las quemas abiertas controladas en áreas rurales para la preparación del suelo en actividades agrícolas y la recolección de cosechas o disposición de rastrojos, pero le concedió patente de corso a la CVC para seguir quemando las cosechas de caña de azúcar en el Valle del Cauca, es decir, borró con el codo lo que hizo con la mano, no tuvo el coraje y el valor civil de Cecilia López cuando ocupó la misma cartera ministerial en 1995.

Ahora nos enfrentamos con el gobierno actual, al levantamiento de la prohibición de utilización del cancerígeno glifosato como defoliante de cosechas por aspersión aérea, reemplazándolo además por el Glufosinato de Amonio para fumigar los llamados cultivos ilícitos, que como lo precisó Camilo Gonzales Posso (Indepaz, 2026): "La evidencia científica revisada —una vez depurada de citas incorrectas o no verificables— sigue sustentando que el Glufosinato de amonio no es un compuesto inocuo: existe evidencia consistente de inmunotoxicidad y estrés oxidativo en organismos acuáticos no objetivo, de alteración de la microbiota intestinal e inmunidad en abejas, y de potencial toxicidad reproductiva en modelos animales. Estos hallazgos, aunque menos categóricos que los presentados en la versión inicial del documento, son suficientes para sustentar un enfoque precautorio", como quien dice otro atentado más contra la biodiversidad, típico del fascismo que nos gobierna.

Hasta cuándo seguiremos siendo víctimas de la mentira institucional que intenta tergiversar la contaminante realidad con el lavado verde con el que hacen sus boletines.

Como reza en Cambalache (1934) el tango del inmortal Santos Discépolo: "¡Hoy resulta que es lo mismo / ser derecho que traidor!... / ¡Ignorante, sabio o chorro, / generoso o estafador! / ¡Todo es igual! / ¡Nada es mejor! / ¡Lo mismo un burro / que un gran profesor! / No hay aplazaos / ni escalafón, / los inmorales / nos han igualado. / Si uno vive en la impostura / y otro roba en su ambición, / ¡da lo mismo que sea cura, / colchonero, rey de bastos, / caradura o polizón!".

 


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