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35 años, del asesinato del “Ingeniero Oscar Quintero”


35 años, del asesinato del “Ingeniero Oscar Quintero”

35 años, del asesinato del “Ingeniero Oscar Quintero”.

Hoy hace 35 años sucedió el secuestro, tortura y posterior asesinato de nuestro padre Oscar Quintero González, quien tenía 39 años y 4 hijos, la menor de 3 y la mayor de 21 años. Estuvo vinculado por más de 21 años a EMCALI, la empresa de servicios públicos de la ciudad, en el área de Teléfonos. Se había ganado con sus conocimientos y experiencia el título de ingeniero, a pesar de que no tuvo la oportunidad de estudiar formalmente en una Universidad.


Por: Diana Patricia y Leandro

En la planta en la que trabajaba lucía en su camisa-uniforme el distintivo de “Ingeniero Oscar Quintero”, lo que nos llenaba de orgullo. También pertenecía al Sindicato de trabajadores de EMCALI-SINTRAEMCALI, hecho que pudo tener relación con su muerte, aunque nunca lo supimos realmente. Su hermana menor, que trabajaba en la Fiscalía para ese entonces, recibió amenazas por indagar al respecto. Uno de sus mejores amigos, tiempo después nos contaría que “el teniente lo había amenazado”, aunque dichas amenazas no tenían nombres, ni circunstancias asociadas. Aun así, debemos agradecer a sus asesinos la llamada de esa tarde del jueves 5 de septiembre a su hijo de 13 años, en la que, sin miramientos le dijeron  “no lo busquen más, está en la morgue de Palmira”. Decimos agradecer porque una amiga, cuyo padre también era empleado de la empresa, se encuentra desaparecido desde entonces; y la familia aún carga con la pena de desconocer qué le sucedió, e incluso de soñar que un día, puedan verlo llegar por la puerta de su casa.

Su hija mayor, quien trabajaba en la Cámara de Comercio de Cali, recibió la llamada de su hermanito, ahogado en llanto, y después de desplomarse en su asiento, le fue asignada la tarea de ir a escoger el traje que él llevaría en su último recorrido por la ciudad. En la velación un amigo afirmó “se ve que lo trataron mal”, con lo que confirmábamos que, de haber ido a reconocerlo nosotros, no hubieran bastado los años de terapia que hicimos para sanar, en algo, su prematura muerte y las consecuencias para nuestras vidas de ese acto de violencia.

Camino al apartamento cerca a la 14 de Calima, recuerda su hija, nunca una tarde pareció tan cruel, tan soleada, particularmente bonita y llena de vida; en contraste con el dolor que oprimía el pecho y que aún hoy duele recordar. “Supe enseguida cual elegir, su vestido favorito, un safari azul claro, de una elegancia casual y fresca, distintivo de una época, su época”. Si lo pensamos, esa hermosa tarde pudo ser un homenaje a su vida, a su pasión por Cali, por la salsa, la que coleccionaba desde sus años tempranos, y de la que hablaba con gran propiedad mientras ejercía como D.J. en los “toques” y en las fiestas familiares que organizaba. La salsa ha sido una forma de seguir cerca de él, de recordar su pasión, su risa, su vitalidad; conservar sus acetatos, de 33 y de 45, es un tributo a una parte de él que aún hoy, por fortuna, perdura en la ciudad.

En su tiempo libre ofrecía servicios profesionales a algunos restaurantes; había uno en particular, la Ventana de Petronio, al que prestaba apoyo con una planta que a menudo requería su intervención. Lo sabemos porque más de una vez dijo “se cayó la planta” antes de dirigirse a su labor. También nos llevó en muchas ocasiones a comer allí, en donde disfrutábamos de uno de sus platos favoritos, langostinos apanados, para luego dar un paseo por los quioscos desde los que se divisaba la ciudad. En general disfrutaba de un gusto culinario exquisito, y nosotros sus hijos nos beneficiamos muchas veces de las exigencias de su paladar. Sibirú, las Terrazas de la Sexta, los Girasoles y las Dos Parrillas, mi Ranchito, son algunos de los nombres que vienen a nuestra mente, y aunque ya no están, los lugares en donde se ubicaban, así como sus aromas, forman parte de la historia de la ciudad, de cuando éramos una familia normal, completa.

Nos consuela y enorgullece que aún exista EMCALI, contra todo pronóstico, que mis hermanitos y yo hayamos podido estudiar y formarnos en universidades, y tengamos una vida plena, llega de logros, de sueños, que conviven con los imborrables recuerdos de lo que él significó para nosotros. También es reconfortante que aún exista SINTRAEMCALI, no porque hubiéramos comprendido lo que esa afiliación y pertenencia implicaba para él o para la empresa, sino por el hecho de que expresan el sentido de cuerpo, de comunidad y solidaridad que siempre lo caracterizaron, y de algún modo, simboliza los valores que lo movían en su trabajo y en su vida personal.

Los pañuelos blancos de despedida en las ventanas del Centro Administrativo Municipal, CAM, al pasar el cortejo fúnebre, así como los rostros y las palabras de sus familiares, amigos y conocidos el día de su despedida, nos recordaron que la empresa y el sindicato perdieron a un hombre e ingeniero de gran valor y entereza; los miembros de su familia perdimos a un sostén, y vimos desvanecerse la promesa de un futuro con más calor de hogar. Hoy celebramos a Oscar Quintero González, la ciudad y nosotros llevamos adentro las cosas que más le importaban, en tanto su amor y su alegría aún bailan en nuestro corazón y porque no olvidamos su nombre, ni su legado, aunque nunca conocimos la verdad, ni tuvimos derecho a la justicia.


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