El pueblo negro no
necesita más reconocimiento: necesita poder
“Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad”. Diego Luis Córdoba.
Por: Emmanuel Londoño Del Castillo
La Colombia profunda, así le llaman
ahora al Pacífico colombiano. Vendiéndose como una tierra por descubrir, con su
ancestralidad y demás características que son sombra empalmada con la
cordillera. El pueblo afro-negro, ha
tenido una historia y una vida, fundada en el ejercicio de la rebeldía. Son
diferentes las narrativas que han impregnado la historia negra, llegando a
concluir que nuestra “religión de matriz africana es brujería”, o que somos
perezosos por el simple hecho de que cuando el blanco llegaba al pueblo afro-negro,
el negro desde las tres de la mañana estaba pescando; por tanto, lo encontraban
en ocasiones durmiendo.
Todas estas narrativas se han traducido en
el ejercicio del poder que se ha venido ejerciendo desde el centro del país, y
que no llega hasta esos latifundios perdidos de esa Colombia profunda que hay
que descubrir. El pacífico colombiano, luego de tener grandes líderes y
referentes de su cultura. Ha quedado en el mismo abandono institucional desde
lo deportivo, educativo y estructural. El municipio de Tumaco, Nariño, tiene
uno de los potenciales más gigantescos para convertirse en uno de los
principales puertos del país. Sin embargo, las grandes hegemonías de la sierra
niñez han trabajado en frustrar este desarrollo para seguir con el mercado que
a ellos les favorece. Como este hay muchos ejemplos en todo el país en donde,
por ejemplo, Buenaventura, siendo el principal puerto del país, continúa
inundado de pobreza y generando una involución educativa y de paz territorial.
Habiendo participado en el Congreso
Mundial de Derecho Constitucional organizado por la Universidad Externado de
Colombia, en el Workshop 89 - Democratic Constitutionalism, Constituent
Processes, and Constitutional Reforms, persigue el hecho de una discusión que se
suscitó en este evento sobre la legitimidad del poder constituyente en el
plebiscito del año 2016. Él plebiscito de la paz. Dicha discusión giró en torno
al intento de querer deslegitimar el poder de todos esos pueblos olvidados
que votaron conscientemente y de manera legítima por el sí a la paz, habiendo
ellos vivido la guerra. Aunque no queremos restarle legitimidad a la zona
andina a las personas que viven en Bogotá. No podemos frenar el análisis sobre el
plebiscito por la paz. Él sí lo botó mayoritariamente el litoral pacífico, la
zona norte del país, que son las zonas apartadas y que mayormente vivieron el
conflicto en cambio; Bogotá, con su imponente potencial electoral que derrocha
y derrota a todas estas regiones por sí sola, pues se impuso él, no por
personas que no tenían una legitimidad cierta sobre el plebiscito por la paz,
toda vez que no habían vivido en carne propia la guerra.
Esta diferenciación se da también con
ocasión del Congreso Internacional de Paz, organizado por la Universidad Libre
de Cali y la Contraloría, donde se planteó el hecho de qué sería de estas
regiones sin el acuerdo de paz. Ahora bien, la coyuntura política actual,
frente a la nueva derecha que el 7 de agosto empezará a gobernar y que plantea
desmantelar el acuerdo ¿qué pasará con estas zonas? ¿volverán los bombardeos,
las masacres, los secuestros y ese sueño de seguridad, nos volverá alejar cada
día de esa utopía llamada paz?
Es allí cuando el pueblo negro no necesita más reconocimiento, sino que necesita poder y necesita una democratización del poder para que las voces de estas zonas del litoral pacífico de ese pueblo afro-negro, que votó sí por la paz, sean realmente escuchadas, y que ese sí a la paz se vea traducido en más inversión en infraestructura, colegios, universidades, terminales de transporte, aeropuertos, un desarrollo verdadero para el pacífico. El litoral pacífico no debe verse como ese patio trasero de Colombia, sino como esa puerta de entrada. Ese pueblo que hay que descubrir, ese pueblo con el mayor potencial que puede existir.
¿Cuánta diversidad no hay en el Chocó? ¿Cuánta
grandeza no hay en Buenaventura? ¿Cuánta resiliencia no tiene un municipio como
Barbacoas? Y que hablar de todo el departamento del Cauca, de la negrura caucana,
que ha sido una de las más afectadas por el flagelo del narcotráfico y de todo
lo que gira en torno a que no se pueda entender que la paz va de la mano de la seguridad
y que la guerra solo significa: falta de oportunidades.
El pueblo negro y sus representantes
deben hacer un acuerdo sobre lo fundamental que gire en torno a tres ejes con
el fin de lograr ese desarrollo estructural. Claramente, no se pueden compartir
ideas clasistas y fascistas como las que propone este nuevo gobierno de extrema
derecha que se acerca, pero debe existir un diálogo permanente con este
gobierno, en sentido en que las decisiones que se tomarán afectarán grave o
beneficiosamente al pueblo afro-negro.
Es de ese modo que ya se deben estar
ampliando los puentes para poder que tengamos una representatividad clara, que
podamos hablar fundamental y racionalmente sobre los logros del acuerdo de paz,
en las zonas ya mencionadas del litoral pacífico y que podamos establecer esos
proyectos fase tres que no sólo están en Medellín, sino que están en el Chocó,
en el Cauca, en el Valle del Cauca y Nariño, puedan también hacer parte de esa
agenda que va a establecer el gobierno para lograr según ellos el desarrollo
del país. Y aquí yo no estoy hablando de agachar la cabeza frente a un gobierno
fascista. Aquí estoy hablando de ser crítico y autocrítico. De que por fin el
pueblo afro-negro pueda organizarse y aprender muy bien los pasos que, aunque
de diferente cultura, han podido dar los indígenas. Mucho es el camino que nos
falta por recorrer como pueblo afro-negro para lograr una organización unitaria
con la que podamos definir esos puntos claros que necesita el pueblo afro-negro,
pero lo único que necesitamos es empezar. ¡El pueblo afro-negro no necesita más
reconocimiento: necesita poder!
Emmanuel Londoño Del Castillo
Líder social,
estudiante de 10 semestre de Derecho e integrante del Consejo Directivo de la
Universidad Libre seccional Cali. Maestrante (cotérminal) en Derecho
Constitucional Universidad Libre seccional Cali.

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