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Seguridad ciudadana: el espejismo en Colombi


Seguridad ciudadana: el espejismo en Colombia

Seguridad ciudadana: el espejismo en Colombia 

Nuevamente, las noticias e imágenes de violencia armada en los cascos urbanos nos alertan sobre un fenómeno que estaba olvidado en la capacidad armada de las bandas criminales o grupos armados de las ciudades, para generar terror y zozobra entre los ciudadanos del común.

 

Por: Marlon Bedoya Cifuentes

Podría plantearse que la seguridad ciudadana es un espejismo en medio de un conflicto armado en Colombia, las ciudades están siendo afectadas por el accionar de grupos armados que tiene larga historia en diversos territorios del país, tienen estructuras económicas subterráneas fuertes, basadas en la extorsión, trafico de drogas, secuestro exprés, control territorial y una capacidad para habitar en los territorios urbanos y semiurbanos sin llamar la atención de las autoridades políticas, delinquiendo de forma constante, convirtiéndose en un agente más de las economías regionales y locales.

En todas las ciudades del país estos grupos armados tiene presencia y capacidad de acción en los últimos años se ha reconocido la existencia de organizaciones criminales como el Tren de Aragua, Los Maracuchos, Los Tasmania, La Inmaculada en el norte del Valle, Los Rastrojos que tiene presencia en norte de Santander, oficina de Envigado en Antioquia, los Pachencas, entre muchas otras, estas organizaciones juegan un papel central en la seguridad de las ciudades, estos pueden ser generadores de caos y violencia, o pueden ayudar a que las ciudades tengan unos mínimos de calma y estabilidad a lo largo del tiempo, cuando no existen tensiones o enfrentamientos entre bandas o entre las bandas y la fuerza pública.

En este escenario de presencia de organizaciones armadas y bandas criminales, encontramos una fragmentación del poder armado y económico en estructuras con un alto nivel de  organización, estas logran sobreponerse a la captura o eliminación de  sus lideres o cabecillas por parte de las fuerzas del Estado colombiano, podemos afirmar que el Estado colombiano nuevamente se encuentran enfrentando una Hidra, donde cada cabeza que es cortada o eliminada es reemplazada de forma instantánea por dos nuevas cabezas, situación que pone en entredicho la  lucha frontal contra estas organizaciones criminales que pueden alzar sus armas en contra de la población civil y poner en absoluta desventaja la capacidad del Estado de garantizar dos derechos esenciales seguridad y el derecho a la paz, utilizando como amenaza la seguridad de los ciudadanos con asesinatos selectivos o atentados y a la vez utilizarlos como escudos humanos, para disminuir la presión de las fuerzas del Estado, buscando con ello lograr el control absoluto de los territorios donde operan.

La paz armada que pretenden algunos políticos en nuestros tiempos recientes,  ha sido un propósito que diversas administraciones políticas a lo largo del tiempo han buscado establecer la paz mediante la eliminación absoluta del enemigo, pero los resultados no han logrado ser los mejores, cada vez que se ha desarrollado una lucha frontal contra determinados grupos armados estos logran transformarse, adquirir nuevas habilidades que les permiten mantenerse a lo largo del tiempo, un ejemplo claro son los primero grupos alzados en armas, que pasaron de unos pequeños colectivos de hombres campesinos mal armados a convertirse en un actor armado central en la historia política del país, ojala la historia no se repita y los grupos criminales y bandas locales no terminen adquiriendo un papel protagónico en el destino del país, por la incapacidad de pensar medidas de seguridad que vayan más allá de la mano dura y se logre una serie de acuerdos que permitan transitar las conflictividades existentes en todo el país.

Es preciso mencionar que en Colombia existen múltiples actores armados, bandas criminales y organizaciones armadas, los cuales trabajan de forma desarticulada, controlando pequeñas islas territoriales, donde operan y desarrollan el accionar de cada organización, frente a la presencia de autoridades políticas y fuerzas del Estado, los cuales han llegado al punto de dejar que estas simplemente crezcan y se fortalezcan, generando una gran problemática que es una bomba de tiempo para la seguridad de las regiones.

Estas organizaciones pueden generar tanto caos como las situaciones vividas en los años 80 en pleno auge del narcotráfico y lucha de carteles que se vivió en Colombia y situaciones de violencia como las que ocurren en México que suelen poner en alerta al Gobierno nacional de turno pero posteriormente se llega a una tensa calma en la cual el cartel u organización a demostrado que puede poner en jaque a toda una ciudad con varios hechos de violencia  planificados, esta situación debe buscar evitarse en el territorio colombiano, la guerra y la violencia no deben llegar a las ciudades orquestado por una organización criminal que supera al Estado en la capacidad de hacer daño y generar caos entre civiles en condición de vulnerabilidad.

Aunque los procesos de búsqueda de paz suelen ser largos y complejos el único camino que tenemos como sociedad es lograr desarmar el espíritu y la confrontación que caracteriza a una parte de la población que avala la violencia estatal como única salida frente al conflicto armado que se niega a desaparecer y cada año suele sumar nuevos actores armados, este es el único camino que nos ha demostrado la historia que puede servir construir acuerdos desarmar organizaciones, para lograr alcanzar unos mínimos de seguridad ciudadana que no dependan de la buena voluntad de la organización armada o banda delincuencial que tiene presencia en un territorio, y lograr llevar unos mínimos a todos los territorios para ganar el pulso  a la violencia colombiana.

La historia colombiana nos ha enseñado que la violencia tiene una extraordinaria capacidad de transformarse. Por eso, el desafío actual no consiste únicamente en derrotar militarmente a un determinado grupo, sino en impedir que la violencia encuentre siempre un nuevo rostro, una nueva economía y un nuevo territorio donde reproducirse.

Si Colombia quiere ganar el pulso histórico contra la violencia, tendrá que comprender que la seguridad ciudadana no se encuentra solamente con más fuerza, sino también con mas Estado, más justicia, más oportunidades y mayor capacidad para resolver las conflictividades antes de que estas se conviertan nuevamente en guerras.



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